martes, 16 de noviembre de 2010

I- Palpitaciones (algunos poemas)




I

Palpitaciones


Aleteo
Duele.
Todo duele en este mar de sed y de faltas.
Nada es como antes.

No hay lugar ideal.
Los que nos querían ya no vienen.
Soledad.
Se aproximan las lágrimas y saltan.
Son mariposas tristes
que van al cielo y nada más.
Solas y tristes.
Son esas que vuelan hacia misiones secretas
que nadie conoce.
Lágrimas que aletean, caen.
Cual semillas regadas en la tierra.
Sobre las cabezas demasiado bajas y sudadas.
Las nuestras que sin embargo siguen
como mariposas que explotan de la nada y vuelan...
Siguen.
¿Hacia dónde?
No se sabe, pero siguen y viven.
Vivirán después,
entre la música y las palabras que las salvan.
Todo sigue, todo se va.

Salta invernal
Llegó el invierno a Salta.
Los blancos cerros  se elevan
sobre un brumoso colchón de niebla y nubes.
Como custodios del alma humana
que se debate ante la crisis
económica, existencial,
por enésima vez.

Las calles mojadas serpentean
entre los pequeños refugios humeantes.
Una mujer enciende la ilusión,
al comenzar el día,
por enésima vez.

El infinito natural nos envuelve
en su continuo devenir,
antiguamente escondido
entre las manos que emergen
como montañas de fuerza avasallante.

Musiqueando
Sigue la música
y sigue el baile.
Chinitas danzan
al son de las guitarras.
Clarinetes cantan
y guían los aplausos.
Se enroscan tónicos ensambles.
Vienen acordes
y se van silencios.
Una tras otra,
se despiden las tonadas.
Dúos en flor,
mieles y zambas.
No se van, permanecen
cual misteriosos dones,
que cada tanto...
nos abarcan.

Fugacidad
Fugaz, fugaz espíritu…
Las verdades,  las vivencias,
con el tiempo nos llegan y con él nos golpean.
Igual que una estación sucede a otra
y toda Edad tiene su continuadora,
igualmente transcurren nuestros momentos terrenos,
que desde su inicio están sentenciados a sucumbir.
Debemos vivirlos con la universalidad
que nos indica nuestra propia libertad,
la misma que nos permite saborear
el misterio que producen los comienzos.
Si vencemos la paralítica monotonía
y el tedio es desterrado de nuestras vidas
es porque nuestros actos están coloreados
con la fugaz serenidad de lo nuevo,
con la real convicción de que el momento de partir
puede estar próximo.
Porque el camino siempre está abierto
y los momentos vivenciados
no son una cadena suficientemente fuerte
para encadenar la fugacidad del espíritu.

Palpitaciones
Encandilan espejos
sobre calles multiformes.
Pentagramas de sonidos
penden del espacio.
La ciudad palpita apresurada
ante los cansados ojos de la tarde.
Salpica el barro
pantalones y tacones.
Gotas de lluvia
acarician las paredes.
El barrio lejano
aguarda dulcemente,
la llegada de la noche
y de la gente.
Trabajadores apretados
alargan sus heridas,
hasta dormir
en el costado de sus sueños.

Ciudad nevada
Un olvido murió
sobre el banco roto,
llantos encarbonados
cubrieron las chapas
y la miseria sintió
alegría de nieve santa.
Nubes grises danzaron
en giros helados,
explosión del cielo,
regalo divino.
Copos pequeños refrescaron
las ávidas bocas risueñas
en horas silenciosas
de suave caída blanca.
Con infantiles gritos
como humildes remiendos,
tembló Buenos Aires
de frío asombrado
¡Nieve!
¡Nieve!
Rozaron las varitas,
el invierno porteño.

Recuerdos del mar
El viento tiene en su alieno
bocanadas de arena y sal.
El viento desarma hojas
que bailan al mismo compás.

El otoño trae viento
que silba tonadas de mar,
amarilleando las gotas
que no cesan de tintinear.

Viento, otoño, sal y arena
no me dejan de arrullar,
Puerto Madryn se queda en mi alma,
 conmigo lo he de llevar.

Reposo
Cuando me muera, quiero
yacer en la tierra húmeda y fértil.
Que broten raíces de mis manos y de mis pies.
Que los pájaros se posen sobre la cruz de madera.
Que las ánimas dancen conmigo,
en las noches de luna plena.

Cuando me muera, quiero
tener un árbol con frutas nuevas.
Que las rosas y el rocío se enhebren en la hierba.
Que dos amantes se amen sobre mis huesos,
en una tarde cualquiera.

Desde ese día quiero,
que reine sobre mí una gran fiesta.
No quiero llantos,
no quiero penas,
Anhelo tener una tumba viva,
no una tumba con flores muertas.

Es otoño en mi alma
Un tizne de cenizas corre sobre mi rostro
ungiendo con una lágrima esta sabiduría antigua.
Cenizas de otros fuegos caen desde mis manos
para acercar otoño
a mi deshojado vientre.

Es otoño en mi alma a pesar de las flores,
amapolas tristes sobre sienes desnudas.
Estación del ocaso enraizada en el muro,
arrastra hojarascas debajo de mis anhelos…

Humedecidos anhelos que atraen solsticios,
sorbiendo cacao de una gota de vida.

La estación de los poetas
Que no te roce indiferente
sin dejar su sello
la  estación de los poetas
del planeta azul.
Entibiando los días
de sensuales colores,
pegajosas texturas,
inconmensurables sabores.
Que no te falte el bosque
sumido en humus
tejiendo laderas
de verdor florido.
Con sus blandas humedades
de cautivantes aromas
avivando el cuerpo
de pasiones dormidas.
Que la metamorfosis
de una nueva Primavera
desflorando brotes
de  los vástagos caídos,
agriete tu alma helada
y acaricie tu conciencia
en prueba tangible
del perdón divino.

Rosario
Triángulo de cielo entre los cerros.
Cuna del arroyo susurrante
cual cinta plateada coronando
mi regalo de luna y miel.

Rosario de las termas y fronteras
de ondulantes y verdes lomadas,
con el viento cantando en el estanque,
atesoro tus aguas minerales.

Mañanas de aires puros y simplezas,
sanadores soles en tus tardes,
noches de silencios misteriosos,
tiempo de fe en el amor.

4 comentarios:

Román dijo...

Me gustó 'Fugacidad'. 'Reposo' es lindo e interesante. Lo que sí, no sé lo que es la "hierva".
Saludos y gracias por tu arte.
Román (periodista y escritor porteño)

Ana Carmona dijo...

Gracias Román por tu comentario y por marcarme tan sutilmente mi error de ortografía. Corrijo mil veces mis propios y siempre se me pasa algo (soy muy distraída)...Besos...Any

Seroma dijo...

Agradezco tu invitación... brillante idea esta de blogear un libro... en la semana leeré todos... Cariños

Manuel Cubero Urbano dijo...

Es un gustazo recrearse en tus palabras.

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